Desde su hermoso y cristalino espíritu el niño preguntó a su abuela si es cierto que los niños «hacen el “sexo”». La adulta, sin salir de su aturdimiento, dijo no, que eso es algo concerniente a los adultos; argumentó que en la infancia hay otros pensamientos y acciones en los cuales enfrascarse. El pequeño, tras escuchar inocentemente, volvió a la carga: «¿Entonces por qué mi amiguito de la escuela me dice que él tiene “sexo” con una amiguita?».
